El problema realmente serio se detectó en 1965, cuando desde los túneles y locales del tren subterráneo de Liverpool, que pasaba muy por debajo del club, se detectaron goteras de aguas fecales que resultaron provenir de The Cavern. Según se descubrió, el club no contaba con ningún sistema de evacuación de las aguas sépticas hacia el alcantarillado. Los dueños habían dado por supuesto que existía, pero los desagües originarios, sobre los que se montaron los urinarios, no conectaban con las alcantarillas (supongo que en pleno siglo XIX nadie pensaría en que ello fuera necesario para un almacén). A donde realmente se conectaban esos desagües era a un enorme pozo ciego del que empezó a filtrarse su contenido hasta el ferrocarril. El coste de las reformas necesarias para resolver el problema ascendía a más de 3.500 libras (más de lo que había supuesto comprar el club) así que Ray McFall se declaró en bancarrota y The Cavern, el club original, el mítico, cerró finalmente en febrero de 1966.El 27 de marzo de 1973, las excavadoras demolieron el edificio situado sobre The Cavern y sepultaron el club bajo los escombros. Una vez terminadas las obras del ferrocarril, el lugar donde originariamente estuvo la sala quedó convertido en un aparcamiento. No me extrañaría que parte de la estructura del sótano (los arranques de los arcos, las bases de los pilares) estuviera todavía intacta debajo del asfalto y del hormigón, aunque lo único que de forma oficial se salvó fueron 15.000 ladrillos del edificio original (no se sabe con certeza si pertenecieron al sótano en sí o al inmueble situado sobre él) y algunos cientos más para vender a coleccionistas. En los años 70, no existía la sensibilidad histórica que reina en nuestros días, y precisamente fue esa pasividad la que acabó no sólo con un club de leyenda, sino con toda un área urbana del centro de Liverpool que hubiese merecido mejor suerte.


Una vez que se bajaba, se accedía a tres pequeñas naves en arco, abovedadas, de ladrillo. Las tres estaban conectadas entre sí y no eran muy anchas (diez o doce personas, hombro con hombro, bastaban para ocupar el espacio de pared a pared). La nave central (la más grande) tenía el escenario al fondo (un tablado, con un piano de pared) iluminado por una bombilla. Delante había unas pocas filas de sillas. Las otras dos naves laterales servían para acoger los urinarios, el camerino, el bar (donde sólo se servían sandwiches, sopa y Coca Cola), el guardarropa y el espacio de baile, espacio que solía llenarse de espectadores. La sensación que se tenía al entrar era la de falta de espacio.




Así, Stefan aprovecha un par de favores que le deben para dar forma a este trabajo. Y es que, Alaska no olvida su intervención al bajo en el tema Nada más que añadir que cerraba El Extraño Viaje de Fangoria y le devuelve el favor con Amor, un temazo. Además también hizo lo propio en Papito de Miguel Bosé y ahora éste le canta Cada día.



